“Cámara Ciudadana Municipal”. Por Daniel Valles.

ciudadanosTenemos un sistema político nacional que está desgastado al máximo. El que ha sobre-politizado todas las acciones que la administración pública realiza. La competencia por el poder ha sido la causa. Quienes lo ostentan se resisten a perderlo. Quienes nunca lo han tenido lo quieren y quienes lo han perdido desean recuperarlo con deseos más fuertes que los de los anteriores. Entonces todo lo que se haga para mantenerlo, obtenerlo o recupéralo es el motivante  principal para la promoción de las acciones efectuad desde las posiciones políticas que cada quien tenga. Poco importa que el beneficio mayor no sea para la ciudadanía. Deben ser primero ellos, los hombres y mujeres que ostentan el poder y son la clase política. Que es la minoría.

No se potencializará lo que sea benéfico y pragmático para la gente. Sino lo que realce poderosamente a quien genere la obra o a quien la impida. Sean partidos o personas. Este paradigma está tan desgastado que se ha agotado. Es ya muy difícil engañar a todos los ciudadanos. Los que saben que en México, son las instituciones las que han hecho funcionar el sistema. Pero que carecen de una personalidad y por ello no hacen distinciones. Pues tampoco ven. Obran como se les dirija. Si las instituciones fueran dirigidas por personas cuyo carácter no fuera como escritura en la arena, sino como en una roca, entonces funcionarían de la manera y forma como están diseñadas. Para servir a la gente. La que lo sabe y reconoce a las personas “con carácter” en las instituciones. Pero son pocas. Muy pocas. La mayoría, oportunistas, chapulines. En Mexicali donde me encuentro, hay un candidato que lo ha sido anteriormente en cuanto partido ha surgido. Ya le dicen “El genio”. Porque en cuanto surge uno nuevo, se aparece. Actualmente es candidato del PES.

Los fracasos para mantener una cercanía con el ciudadano por parte de la administración pública de la que se trate, la han evidenciado. Es ineficaz. Lo que ha provocado el surgir esporádico y aislado de lideratos ciudadanos que identificados con la ciudadanía-porque emergen de ella-les satisfacen. Los lideratos ciudadanos llenan momentáneamente los huecos sociales que al mismo tiempo se crearon por las carencias e insensibilidades de la administración pública, que se ha corrompido al máximo. Lo que desanima al ciudadano a tomar parte activa en la vida política y en el desarrollo social de la ciudad donde vive. Obviada la corrupción y el alejamiento de la gente por parte de las autoridades, la sociedad se retrae y se concentra en aspectos particulares y sociales que nada tiene que ver con el desarrollo comunitario, sino particular. La consecuencia es un abandono presencial del ciudadano de los lugares de la toma de decisiones de la ciudad y por diversos motivos. Mismos que forman un “cóctel” de apatía que corroe todo. Esto lo sabe el político de los partidos. El que se ha dado cuenta que le conviene todo lo anterior. Pues así, sin la participación ciudadana en las elecciones, goza de mayor libertad para hacer todo desde la opacidad. Así hacen y deshacen a placer.

En nuestra cultura mexicana casi no existe el concepto de comunidad, salvo en casos de terremotos, inundaciones y desgracias colectivas. Como cuando la inseguridad y violencia que el pasado reciente nos ha sucedido en Ciudad Juárez. Por si fuera poco, el paternalismo oficial imperante, donde la solución de todo se le deja a la autoridad en turno, nos ha pasado una factura muy cara. Es como si una ventana rota haya provocado que todas las otras se rompan y todo se deteriore. Como sucede en la teoría de las ventanas rotas. “Y el recurso que queda es la crítica. Como señalaba Octavio Paz. Crítica que debemos ejercer con valentía, pero también con moderación. Pues sólo la crítica puede limitar los extravíos de un poder embriagado de sí mismo”.

 

Democracia partidista

Democracia partidista

Democracia es una palabra que se usa como conjuro. Se nombra, se dice, se habla en un tono que así lo denota. Tienen un enorme poder de venta. Es una palabra que se venera. Se cree que tiene el efecto de igualar a las personas. Mas cuando los ciudadanos piensan que tienen un problema que solo la autoridad puede arreglar, inevitablemente descubren que en el momento que la misma se involucra, el problema se torna inmensurablemente peor. Por lo mismo y para una mejor administración pública se requiere de la participación del ciudadano en las decisiones de su comunidad. El ciudadano sabe mejor “el dónde” se requieren las soluciones. La autoridad solo administra “el con qué”.

Cuando existe una gran participación ciudadana se fomentan los lideratos ciudadanos. Lo que evita que la autoridad cometa abusos impunemente. Sabe ésta última que habrá de rendirle cuentas a quien debe. A su jefe en la administración primeramente, pero más importante, a la ciudadanía. Que es la que ha de proporcionar a los ciudadanos que se convertirán en funcionarios de la administración pública. Es un círculo infinito y continuo. Simbiosis retro alimentadora sin fin.

“Ningún estado moderno y justo logra consolidarse si el valor de la legalidad no está plenamente asentado en la ciudadanía[i].”

Jesús F. Reyes Heroles.

Un liderato ciudadano fuerte, una participación ciudadana efectiva y copiosa evitan que prospere lo que daña a la comunidad. La corrupción. La ciudadanía participativa inmersa en la cultura de la legalidad. Que es el “dique” que detiene las amenazas que se gestan contra ella. Son las acciones, no las palabras, la clave para medir la integridad. La participación ciudadana es el elemento que automáticamente la blindaría contra el abuso y el autoritarismo de la autoridad y la gente de los partidos políticos. Las administraciones mediocres mejorarían ante la presión de una participación ciudadana activa, congruente, fuerte, consciente, apartidista, política, plural, honesta. Por lo mismo propongo:

La creación por mandato de ley, de la Cámara Ciudadana Municipal. La que estaría compuesta por reconocidos filósofos. Ciudadanos de carácter probo y comprometido con su comunidad. Siendo apartidista, plural e independiente de la administración en turno. Sin ambición política gubernamental. Con autoridad moral para señalar y dictaminar sobre proyectos, obras, actividades en las que se haya de buscar el bien común.  Cuya función es la de observar y dar seguimiento a todas las actividades de la administración pública. No gobernar. No duplicaría, menos suplantaría actividades de la autoridad. Pero que por su carácter eminentemente ciudadano tenga todo el peso moral, efectivo y real para ejercerlo. El que se utilizaría para el combate a la corrupción. Y aquí El Meollo del Asunto de tal cámara, la que extendería y otorgaría “Certificados de Calidad Ciudadana (CCC)-como el ISO de la Industria Maquiladora-mediante la práctica de la Auditoria de Integridad (AI). Una herramienta “única” de la Cámara.

Sus funciones principales: motivar, generar la participación ciudadana. Capacitar, certificar ciudadanos para la administración y los departamentos de la administración pública. Sellando emblemáticamente finiquitos al final de la administración. Dar seguimiento en paralelo a los acuerdos de cabildo y otras similares. La figura no tendría carácter oficial, sólo representativo, emblemático y moral. Pero de peso por la certificación de calidad y aprobación. Su autoridad siempre sería moral. La que emanaría de su servicio a todos los conciudadanos indistintamente.

Los “cómos”, “porqués” y “conqués”, serían materia-posterior-de desarrollo de la iniciativa. En el entendido que la participación ciudadana es la clave y el éxito en el desarrollo de las antiguas “polis” y la “civitas”, concepto aristotélico de la ciudadanía y de las ciudades de la antigua Grecia. Que es primordialmente, de donde emana nuestro concepto actual de democracia. El que se logra precisamente por la gran participación ciudadana activa y constante. Y eso es, El Meollo del Asunto.

Twitter: @elmeoyodlasunto

Correo-e: elmeollodelasunto@gmail.com

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