Ego. Por Daniel Valles.

egoismo     ¡Eres muy egoísta! ¡Todo lo quieres para ti! Primero tú, luego tú y siempre tú. Así somos todos. Unos más, otros menos. Pero todos debemos de vencer una tendencia que está latente en cada uno de nosotros. El de ser egoístas. El egoísmo tiene muchos nombres. Algunos son: individualista, acaparador, codicioso, ambicioso, avaro, interesado, pancista, egocentrista y otros más. Significan lo mismo. Que uno desea ser el “centro del universo”. Es la naturaleza humana.

Toda la gente-y perdón por generalizar-negará serlo. Yo lo niego. Pero en realidad, sí, lo soy. Lo combato a cada momento. La gran mayoría de las veces salgo vencedor. Soy como toda la gente. La que camina por la vida sin demostrar qué tan egoísta podría ser. Así es la gran mayoría de la gente. Vence su egoísmo natural. Algunas personas hasta tienen gracia para hacerlo. Son carismáticos. De personalidad ligera. Otros somos fríos. Calculadores. Sabemos que en la vida, la lucha de los egos siempre está presente. ¿Por qué?

Por lo humano que somos. Quien afirme que no es egoísta mentiría. Quien afirme que lucha contra su ego es una persona cabal y honesta. Todos peleamos esta batalla en lo endógeno de la siquis humana. En el interior de cada uno. Cuando vencen, aprenden y lo seguirán haciendo. Cuando no lo logramos los efectos negativos nos acarrean problemas constantes. Lo que puede durar toda la vida. Los efectos negativos destruyen, corrompen. Matan.

No hay nada de malo con aceptar que se es egoísta. De hecho, es positivo. De este modo, aceptándolo, puede uno dedicarse o empeñarse a vencer tal sentimiento. El que tiene que ver con una inseguridad interna. También tiene que ver con un sentido de sobrevivencia y auto-conservación. De ahí que nos venga por naturaleza. Sólo quienes no aprenden a controlarlo lo llevan a un extremo en que declaran o demuestran una cosa. Que en su universo no hay más sol que el de estas personas. Es cuando se dan las “colisiones” de estrellas. Quedando las personas; “estrelladas”. Pero por favor, no se detenga en su lectura y no me culpe de algo, aún.

El Ego en el psicoanálisis, es el término que denota la parte central de la personalidad que trata con la realidad. Es influenciada por las fuerzas sociales. Según Freud, constituye una de las tres partes básicas de la mente. Las otras dos son el “ID” y el “Superego”. La formación del ego inicia con el nacimiento de la persona y los primeros encuentros que experimenta con el mundo externo. Aprende así a modificar su comportamiento controlando los impulsos que son socialmente inaceptables. Es el mediador entre la inconciencia y los estándares sociales adquiridos. Por otro lado, en filosofía, el ego significa el “Yo” consiente. René Descartes lo presentó como la base para experimentar la realidad. Immanuel Kant, propone dos formas de ego, una perceptora, otra pensante.

El liberalismo social o político es esencialmente “revisionista” de las instrucciones existentes. Busca siempre el alinearlas con los requerimientos, deseos o preferencias universales de la primera persona (Yo), de acuerdo a la perspectiva egoísta. Está diseñada para identificar el punto de visita fuera de los arreglos o acuerdos presentes o actuales. Desde donde puedan encuestarlas y desde donde por necesidad puedan modificarlas a su conveniencia o condenarlas por lo mismo. Es esencialmente una doctrina egoísta. De ahí que la pregunta esencial del Liberalismo sea.  ¿Por qué he de hacerlo así?

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Desde el momento en que tenemos un ser-ego, existe la posibilidad de poner nuestro ego-ser, primero. Queriendo “ser” el centro. Esperando y deseando ser dios. Esto es como una maldición y frecuentemente es la causa de las grandes discordias entre los seres humanos. La mitología griega cuenta de  “Eris”, la diosa de la discordia. La que llega a una fiesta de los dioses y hace entrega de la famosa “manzana dorada de la discordia”. En la que se leía: “para la más bella de las diosas”.  Provocando una competencia entre tres de ellas. Lo que finalmente ocasiona la gran batalla de Troya.

Es además el pensamiento que vemos en Génesis 3. El que a Eva le provoca Satanás en el jardín del Edén al invitarla a comer del fruto que no debía ni tocar. “Serán como dioses”, le dice. Pasando la consecuencia de su desobediencia egoísta a toda su descendencia. El resto, es historia. Todos hemos visto a los niños discutir: la amargura de la ira prolongada cada vez que algo les frustra y explotan en llanto. Cómo surgía el oscuro y satánico deseo de matar o morir, en vez de “ceder”.

Actualmente hacemos todo lo que podemos hacer. Sea en sentido filosófico o práctico. Por ponernos nosotros mismos en el centro del universo. Porque ahí es donde queremos estar y vivir. Esta disposición natural encaja exactamente con todo lo que nos rodea en éste siglo. De ahí la gran dificultad que se tiene para dejar de ser así, egoístas. Aunque sea un “poquito”.

¿Y cómo se vence el egoísmo? No es sencillo. Debemos morir al “Yo”. Al Ego. Y para lograr esto se debe primero amarse a sí mismo. Lo que parece un acto del más puro y alto egoísmo, pero no lo es. Porque para eso hay que usar un elemento existente también en la naturaleza humana pero que decrece en la misma proporción que en el egoísmo crece. ¿Qué elemento es? La Misericordia.

Entonces y por esto hay que revertir el proceso egoísta siendo misericordioso. ¿Y eso cómo se aprende? Amando al prójimo como se ama a uno mismo. Lo que es tema de otra entrega por lo complejo.

Para aprender a amar al prójimo primero se ha de descubrir que hay que amarse a sí mismo, pero con misericordia y no con parcialidad. Que es lo que el ego reclama y hace siempre para la persona a la que llamamos; “Yo” o también “mí”.

Nos ponemos en primer lugar o nos toleramos todo lo que hacemos. Sin reprimirla por ello, sin castigarla cuando se lo merece. Utilizando entonces esta misma regla, hemos de amar a los demás como nos amaremos a nosotros mismos. Con misericordia. Para eso se usa una herramienta que es tal vez, la más liberadora de todas las que tenemos al alcance en eso de mejorar la personalidad. El Perdón.

Daniel Valles.

Daniel Valles.

Perdón que será necesario usar durante toda nuestra existencia terrena. Entendiendo que para perdonar primero hay que ceder. Lo que el ego no desea hacer. Pero para vivir mejor y ser en verdad libres hay que ceder y amar. Hemos de hacerlo diariamente. “Dar amor no agota el amor. Por el contrario, lo aumenta. Se torna inagotable. Tendremos para dar a todos, como lo tenemos para nosotros mismos. El amor no es egoísta, porque siempre está dando. Logrando el círculo virtuoso. Ahí está, El Meollo del Asunto.

 

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