No son las armas, es la maldad. Por: Daniel Valles.

El Meollo del Asunto.

Afirmo que el problema de la violencia no está en las armas, sino en quienes jalan del gatillo. William Spengler, un hombre de Nueva York, que en diciembre del 2012 preparó un incendio en su casa  y quemó otras siete más, para posteriormente matar a los bomberos que llegarían a apagar el fuego dijo:. “Haré lo que más me gusta, matar gente”. Mató a cuanta persona se acercó al lugar. Y sí, los mató.

Casa Spangler bajo fuego

Casa Spangler bajo fuego

Años antes, Spengler ya había matado a su abuela a martillazos. Por lo que estuvo preso diecisiete años. El ex convicto Spengler dejó una nota escrita a máquina en la que decía quería quemar su vecindario y; “hacer lo que me gusta hacer: matar gente”. Así comunicó la Policía local, de acuerdo a la nota de AP., mientras recuperaban restos humanos calcinados que se cree son los de la hermana desaparecida del atacante. Lo que sería una víctima más de Spengler. Quien se pegó un tiro en la cabeza.

En Ciudad Juárez reaparece la violencia en la forma de asesinatos. Autoridades y los integrantes de la “Mesa de Seguridad”, se muestran sorprendidos. Estamos alcanzando cifras de hace cuatro o cinco años atrás. 24 asesinatos por 100 mil habitantes.  ¡Hay alarma! “No podemos volver a perder nuestra ciudad”, expresaría semanas atrás el buen amigo Jorge Contreras Forneli, representante del Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana (Ficosec),

La autoridad dice que son hechos aislados. Un joven mata a cuchilladas a su madre. Aparecen encobijados con tiro de gracia en caminos vecinales o en plena ciudad. Se ha pensado siempre que hay que restringir el uso de las armas. Las que son para la defensa y protección. Pero también se usan para la ofensa y la destrucción. Son las dos caras de una sola moneda. Como las que tiene casi todo en la vida. Dos caras.

No pretendo hacer una apología de las armas. Mucho menos de la violencia que hemos vivido antes y parece asomarse ahora. Sólo marco una realidad que es mucho mayor que la misma violencia.

Mucha gente está como “echada a perder”. Unas más y otras menos. Así parecería ser. ¿O no? Quién se imagina o cómo tener la sangre tan fría para ordenar matar a inocentes o desaparecer a 43. Independientemente de ello, la realidad es que las armas requieren siempre de una persona que les dé uso. El que puede ser bueno o malo. Y aquí no hay lugar para “asegunes”, ni divagar entre la retórica de quién dice lo que es bueno o lo que es malo. Ante la vida y la muerte ese tipo de retórica relativista de izquierda no tiene lugar.

Asesinar, cualquiera que sea la causa, motivo o razón, será siempre condenable. Siempre es malo. Es un absoluto. A pesar de que los relativistas posmodernos dicen que los absolutos no existen. Pues se equivocan en esto como en otras muchas cosas. Son éstas, las mismas personas que siempre se manifiestan en contra de la violencia y  a favor de “despistolizaciones”.

Ciudad Juárez

Ciudad Juárez

La violencia es la fuerza de la suma de todos los delitos que se cometen en una sociedad. No sólo los asesinatos, los crímenes y robos de autos. Para que se manifieste de la manera como vemos se requiere de una constante decadencia moral individual y colectiva que toma años. De una deficiente educacional sexual, religiosa y de principios, de valores, etc. Nadie está a salvo de la decadencia.

Los políticos y los jefes de las policías hablan mucho de planes y acciones contra la violencia. Lo que está claro es que ante el resquebrajamiento de la familia, la comunidad, el tejido social, etc., son muchos los políticos, policías, maestros y medios de comunicación que no saben qué hacer. No tienen idea. Y quienes sí saben, no poseen voz o si la tienen, no hablan lo que deben por estar políticamente correctos. Menos tienen la fuerza necesaria para ser escuchados si acaso hablan. Tampoco es políticamente correcto dejar que las Iglesias tomen  la palabra en las escuelas. Que algunos filósofos que no son de la izquierda tomen la palabra y hablen fuerte.

¿Y qué deben señalar? Que la violencia no es el problema en sí. De la misma forma como no lo son las armas. La violencia es una consecuencia del problema. En el fondo, la brutalidad y el carácter de la violencia muestran que la que tenemos frente de nosotros, la que vemos, se debe a una crisis moral y espiritual profunda en

Maldad humana

Maldad humana

el ser humano. Es pues un problema de maldad humana. Y la maldad, como el amor, el odio, la paz, etc., es espiritual. Existe, claro. La vemos manifestarse, pero necesita de un cuerpo para hacerse notar.

La maldad es como los hoyos en el queso Gruyere, están vacíos, pero son parte del queso. Entonces, la solución al crimen y la violencia no puede ser orquestada sin que se entienda que su raíz es la maldad humana y que ésta es un problema espiritual y emocional y como tal debe de ser enfrentado. Ya que ninguna ley puede solucionarlo, pues no muestra la verdadera causa. Sólo ataca los efectos buscando cohibir el delito.

Es por lo mismo que mientras existan personas con los problemas emocionales y de seguro espirituales como los que habrá de haber tenido tanto William Spengler, o quienes desaparecen a los 43 o asesinan a los parientes o desconocidos, éstos seguirán dándose. No importará cuántas protestas, leyes o anuncios espectaculares haya pidiendo que se retiren las armas del contexto de la vida del ser humano o aparezcan los desaparecidos. La violencia no se detendrá mientras la maldad exista en el corazón de las personas y a éstas, lo que más les guste sea matar gente. La seguirán matando. Sin importar que se terminen todas las armas del mundo, mientras exista la maldad habrá violencia en el entorno humano. Y ése es, El Meollo del Asunto.

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